martes, 24 de febrero de 2009

Las dos Ancianas y la Sierra de Gata (2º parte)

Una tarde cogimos y nos hicimos una ruta muy bonita. Me subí a las dos señoras en el coche y nos fuimos por ahí, de excursión. Se pusieron ellas tan guapas e iban tan contentitas, porque rara vez salían del pueblo. Cogí una carretera, que ya no existe, que iba de Cilleros a Hoyos. No era suficientemente ancha para que pasaran, a la vez, un camioncito y un coche, pero me encantaba conducir por ella. En realidad subía y bordeaba por la ladera de una montaña de abundante vegetación. En primavera se mostraba exhuberante. Llegamos a Hoyos, un precioso pueblo de señoriales casas de piedra con sabor a pasado más glorioso que se distingue en los blasones que se pueden ver sobre las puertas de muchas de sus casa. Con una iglesia espectacular y un encanto especial, no dejo de visitar Hoyos cada vez que vuelvo por ahí. De Hoyos sale una carretera que va hacia Perales del Puerto y acaba en Ciudad Rodrigo y otra que va en dirección a Hervás. En Perales hay un rio , que pasa bajo un puente y al que le han puesto unas presillas. Es un sitio precioso para bañarse en verano.
Pero nosotros torcimos dirección Hervás y, al poco, tomamos el desvío en dirección a Trevejo. Ascendiendo por una carreterita, a parece a la izquierda el pico donde se levanta el castillo de Trevejo. Entrar en el pueblo, me pareció invadir la intimidad de esa gente. Llegar a su placita principal me pareció entrar el el salón de sus casas. ¡Qué buena localización para haber rodado allí alguna escena de “El Señor de los Anillos”, que buen Bree sería, por ejemplo. Todo era como para unos humanos más pequeños y hermanados con el entorno. Atravesando el pueblo, se llega al castillo, desde el que hay una vista preciosa de las dehesas, los bosques y las montañas que forman el paisaje en cuyo centro, se levanta el pico de Trevejo: espero que el avance del turismo no lo haya desvirtuado, no le haya quitado esa sensación de viajar en el tiempo. Desde allí nos fuimos, pasando por Villamiel , a San Martín de Trevejo, un pueblo muy similar a Candelario, con una arquitectura también afín a la Alberca.
En las siguientes tardes, subimos a la Peña Irhal, a pie desde Cilleros. La tía Hilaria no consintió, en ningún momento, que yo la ayudara a subir o salvar las piedras, era una mujer muy orgullosa que , a sus 94 años, llegó conmigo a la cima.Mi abuela, fue más prudente y se quedó abajo. Visitamos Robledillo de Gata, que me pareció también un mundo perdido y mágico. Descubrí muchos rincones por esa zona: Santibañez el Alto, un pueblo amurallado en lo alto de un monte desde que se ve el embalse del Borbollón. ¡Qué atardeceres se ven desde allí!.
En toda la zona se pueden beber los excelentes vinos que hacen en Cilleros, Hoyos y Perales. En algunas tascas aun conservan antiguas recetas de callos, migas, lomo de cerdo…Puedo recomendar los Callos de Casa El Pina, en Cilleros. Aunque la verdad es que la zona no está muy bien provista de servicios. Puedo remitiros a un sitio de Carretera que hay entre Moraleja y Coria, cuyo nombre no recuerdo pero es fácil de encontrar, que montó allí un gallego y se come de lujo. Tabién, desde Cilleros se cruza la frontera con Portugal y se llega a Monfortinho, donde si hay varios restaurantes para comerse un buen Bacalao Dourada.
Un recuerdo que guardo con mucho cariño fue el día que volví a mi casa. Al darle dos besos a la tía Hilaria, tan severa de expresión, tan orgullosa, me miró con los ojos a punto de verter lágrimas y me dijo: yo te voy a echar mucho de menos…y se contuvo.
Adjunto unos links con fotos:
http://www.foro-ciudad.com/caceres/trevejo/fotos/ y http://www.pueblos20.net/Extremadura/fotos.php?id=19371&ayuntamiento=6999&provincia=11&comunidad=11

martes, 3 de febrero de 2009

Olvido (2ª parte)

“Confiad en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” Miguel de Cervantes. Me encontré con este mensaje en un christmas ¡en un christmas!. En uno de los muchos que recibo de otras empresas cada Navidad, y que coloco por ahí en los estantes y las mesas de la oficina. Pero ese me lo llevé a casa. Y aun está, sobreviviendo a su esperanza estimada de vida, sobre mi piano. Cuando la música que toco se me oscurece un poco, lo miro de reojo y sonrío; como poco me voy al blues: mañana será otro día,..ta taaan ta tan… y esto suena mejor…ta taaan ta tan… mi melancólica ironía… tata tán!.. encuentra una sonrisa en cualquier desamor.

Una mañana tuve que ir al ayuntamiento de Olvido para hablar con una persona. De allí me enviaron a la casa de la cultura. En una población como esa, la gente en general desempeña varios papeles: igual se es alcalde por la mañana y ayudante del carpintero a media tarde. La encontré en la biblioteca cómo me dijeron. La verdad es que no esperaba conseguir la información que buscaba de esa manera. Pero desde ese momento y, durante todo ese día, me dio la sensación de que asomó el sol sobre Olvido. Tardé unas frases en entender sus palabras porque mi oído se quedaba pillado en la musicalidad de su voz. Me aclaró algunas dudas sobre mis gestiones y otros asuntos y entablamos conversación. Seguimos en el café de al lado, junto con otro señor del ayuntamiento, creo, no recuerdo quién era. Casi me pareció como un día de verano, y pensé en lo delicioso que sería seguir esa conversación, pasear con ella, descubrir cómo sería su risa, su genio…en medio de la penumbra que era todo un momento antes.
Me pareció, al regresar a mi cueva, que no hacía tanto frío. Al mirar hacia la chimenea, que conseguí hacer funcionar, me di cuenta de que era preciosa. De piedra, gastada, noble. Los destellos rojizos del fuego sobre las sombras negras que la luz proyectaba, le daban su poder y su magnetismo. Por primera vez, aquello me pareció un hogar. Quizá de ahí venga el nombre. Pensé en que sería buena idea intentar cenar con ella, compartir un vino. Igual nos daría por filosofar sobre si la mujer actual asimila bien los logros sociales obtenidos o sobre si uno se dejaría utilizar a cambio de sexo, no sé, temas normales es estas ocasiones…fantaseaba con eso y con otras cosas más fantaseables aun. Mi mente encadenó pensamientos hasta que se fundió con montañas nevadas y, más allá, imágenes que me llevaron al sueño. Paz.
Amaneció. La brumosa mañana de Olvido. El delicioso aroma del café de mi puchero. No sabía qué me traería el destino pero aquella mañana me producía mayor ilusión alcanzarlo. Empecé a pensar. Pensé que no se puede saber de antemano la dimensión de lo que nos vamos encontrando por el camino, la repercusión que podría llegar a tener en nuestras vida. Pensé que tal vez nunca llegáramos a ver los grandes sueños enteros, porque no podemos mirar desde tan alto pero, a lo mejor, conviene ir juntando los pedazos que vayamos encontrando, cada pequeña ilusión. Pensé que podría llegara el día en que tuviera la oportunidad de juntar los suficientes trozos para vislumbrar la idea general. Por eso no conviene dejarse ninguno atrás, sin mirar si tiene el color y la forma de nuestros sueños y perder la oportunidad de saborearlos, ya que ocupe mucho o poco en nuestro tiempo podríamos dejar algo importante atrás, algo que ya no viviríamos nunca más. A veces basta un rayito de sol para derretir el hielo. (Continuará)