“Confiad en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” Miguel de Cervantes. Me encontré con este mensaje en un christmas ¡en un christmas!. En uno de los muchos que recibo de otras empresas cada Navidad, y que coloco por ahí en los estantes y las mesas de la oficina. Pero ese me lo llevé a casa. Y aun está, sobreviviendo a su esperanza estimada de vida, sobre mi piano. Cuando la música que toco se me oscurece un poco, lo miro de reojo y sonrío; como poco me voy al blues: mañana será otro día,..ta taaan ta tan… y esto suena mejor…ta taaan ta tan… mi melancólica ironía… tata tán!.. encuentra una sonrisa en cualquier desamor.
Una mañana tuve que ir al ayuntamiento de Olvido para hablar con una persona. De allí me enviaron a la casa de la cultura. En una población como esa, la gente en general desempeña varios papeles: igual se es alcalde por la mañana y ayudante del carpintero a media tarde. La encontré en la biblioteca cómo me dijeron. La verdad es que no esperaba conseguir la información que buscaba de esa manera. Pero desde ese momento y, durante todo ese día, me dio la sensación de que asomó el sol sobre Olvido. Tardé unas frases en entender sus palabras porque mi oído se quedaba pillado en la musicalidad de su voz. Me aclaró algunas dudas sobre mis gestiones y otros asuntos y entablamos conversación. Seguimos en el café de al lado, junto con otro señor del ayuntamiento, creo, no recuerdo quién era. Casi me pareció como un día de verano, y pensé en lo delicioso que sería seguir esa conversación, pasear con ella, descubrir cómo sería su risa, su genio…en medio de la penumbra que era todo un momento antes.
Me pareció, al regresar a mi cueva, que no hacía tanto frío. Al mirar hacia la chimenea, que conseguí hacer funcionar, me di cuenta de que era preciosa. De piedra, gastada, noble. Los destellos rojizos del fuego sobre las sombras negras que la luz proyectaba, le daban su poder y su magnetismo. Por primera vez, aquello me pareció un hogar. Quizá de ahí venga el nombre. Pensé en que sería buena idea intentar cenar con ella, compartir un vino. Igual nos daría por filosofar sobre si la mujer actual asimila bien los logros sociales obtenidos o sobre si uno se dejaría utilizar a cambio de sexo, no sé, temas normales es estas ocasiones…fantaseaba con eso y con otras cosas más fantaseables aun. Mi mente encadenó pensamientos hasta que se fundió con montañas nevadas y, más allá, imágenes que me llevaron al sueño. Paz.
Amaneció. La brumosa mañana de Olvido. El delicioso aroma del café de mi puchero. No sabía qué me traería el destino pero aquella mañana me producía mayor ilusión alcanzarlo. Empecé a pensar. Pensé que no se puede saber de antemano la dimensión de lo que nos vamos encontrando por el camino, la repercusión que podría llegar a tener en nuestras vida. Pensé que tal vez nunca llegáramos a ver los grandes sueños enteros, porque no podemos mirar desde tan alto pero, a lo mejor, conviene ir juntando los pedazos que vayamos encontrando, cada pequeña ilusión. Pensé que podría llegara el día en que tuviera la oportunidad de juntar los suficientes trozos para vislumbrar la idea general. Por eso no conviene dejarse ninguno atrás, sin mirar si tiene el color y la forma de nuestros sueños y perder la oportunidad de saborearlos, ya que ocupe mucho o poco en nuestro tiempo podríamos dejar algo importante atrás, algo que ya no viviríamos nunca más. A veces basta un rayito de sol para derretir el hielo. (Continuará)
Una mañana tuve que ir al ayuntamiento de Olvido para hablar con una persona. De allí me enviaron a la casa de la cultura. En una población como esa, la gente en general desempeña varios papeles: igual se es alcalde por la mañana y ayudante del carpintero a media tarde. La encontré en la biblioteca cómo me dijeron. La verdad es que no esperaba conseguir la información que buscaba de esa manera. Pero desde ese momento y, durante todo ese día, me dio la sensación de que asomó el sol sobre Olvido. Tardé unas frases en entender sus palabras porque mi oído se quedaba pillado en la musicalidad de su voz. Me aclaró algunas dudas sobre mis gestiones y otros asuntos y entablamos conversación. Seguimos en el café de al lado, junto con otro señor del ayuntamiento, creo, no recuerdo quién era. Casi me pareció como un día de verano, y pensé en lo delicioso que sería seguir esa conversación, pasear con ella, descubrir cómo sería su risa, su genio…en medio de la penumbra que era todo un momento antes.
Me pareció, al regresar a mi cueva, que no hacía tanto frío. Al mirar hacia la chimenea, que conseguí hacer funcionar, me di cuenta de que era preciosa. De piedra, gastada, noble. Los destellos rojizos del fuego sobre las sombras negras que la luz proyectaba, le daban su poder y su magnetismo. Por primera vez, aquello me pareció un hogar. Quizá de ahí venga el nombre. Pensé en que sería buena idea intentar cenar con ella, compartir un vino. Igual nos daría por filosofar sobre si la mujer actual asimila bien los logros sociales obtenidos o sobre si uno se dejaría utilizar a cambio de sexo, no sé, temas normales es estas ocasiones…fantaseaba con eso y con otras cosas más fantaseables aun. Mi mente encadenó pensamientos hasta que se fundió con montañas nevadas y, más allá, imágenes que me llevaron al sueño. Paz.
Amaneció. La brumosa mañana de Olvido. El delicioso aroma del café de mi puchero. No sabía qué me traería el destino pero aquella mañana me producía mayor ilusión alcanzarlo. Empecé a pensar. Pensé que no se puede saber de antemano la dimensión de lo que nos vamos encontrando por el camino, la repercusión que podría llegar a tener en nuestras vida. Pensé que tal vez nunca llegáramos a ver los grandes sueños enteros, porque no podemos mirar desde tan alto pero, a lo mejor, conviene ir juntando los pedazos que vayamos encontrando, cada pequeña ilusión. Pensé que podría llegara el día en que tuviera la oportunidad de juntar los suficientes trozos para vislumbrar la idea general. Por eso no conviene dejarse ninguno atrás, sin mirar si tiene el color y la forma de nuestros sueños y perder la oportunidad de saborearlos, ya que ocupe mucho o poco en nuestro tiempo podríamos dejar algo importante atrás, algo que ya no viviríamos nunca más. A veces basta un rayito de sol para derretir el hielo. (Continuará)
2 comentarios:
No lo dudes...todo lo que va pasando en tu camino, desde lo más pequeño a lo de mayor dimensión, forma parte del puzle de tu vida: las personas con las que te cruzas,las que entran y salen de tu vida, los lugares que visitas, los olores, situaciones, e incluso las cosas minúsculas. Sólo hay que vivir la vida entera, la que tiene cada uno, para poder armar el puzle, enmarcarlo y poder observarlo, lo cual sería genial porque seguro que sólo aparecen las cosas bonitas, las buenas...las que realmente importan.
Sigue, sigue, cada vez tiene más cuerpo lo que escribes, de aquí a nada escribirás un libro (estupendo seguro)
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